Desde el embarazo tus senos pasan por una serie de cambios. Algunos son más sencillos de notar que otros, tales como el aumento de la sensibilidad, el oscurecimiento de las areolas o la hinchazón que se presenta en ciertos periodos... pero hay una serie de cambios, tal vez mucho más “radicales” que suceden por dentro y que no son perceptibles a simple vista.
Antes del parto
Antes de que se produzcan éstos cambios en tus senos, éstos están compuestos mayormente por glándulas mamarias, tejidos de apoyo y grasa protectora (la cual es responsable del tamaño y forma de tus senos). Luego durante el embarazo los conductos mamarios (llamados galactóferos) comienzan a multiplicarse e incrementar su tamaño, de forma que van dando lugar a una serie de “canales” que son los que transportarán la leche materna desde los lóbulos (compuestos por pequeños “racimos” de “bolsitas” llamados alvéolos que agrupados se denominan lobulillos) hasta tu pezón. Cada uno de tus senos contiene en promedio entre 15 y 20 lóbulos con un conducto mamario por cada uno de ellos.
Aquí es importante notar que estamos hablando de una cantidad determinada de lóbulos que no tiene una relación directa con el tamaño de tus senos. Es decir que contrariamente a lo que puedas haber escuchado, senos más grandes no son sinónimo de mayor cantidad de leche materna. Éste es un punto de gran importancia, porque en ocasiones se piensa también que pezones más grandes facilitan una mejor succión para el bebé… pero en realidad cada uno de los lóbulos tiene un canal que se conecta directamente con tus pezones, es decir que la leche materna “sale” a través de varios canales (es como si pusieras varias cañitas muy delgadas directamente en la boca de tu bebé), por lo que el tamaño del pezón no afecta negativamente en el proceso de succión de tu bebé.
Es importante entonces desterrar ya éste mito: el tamaño de los senos no determina la producción de leche materna.
Lo que sí es real es que la forma de los pezones puede facilitar al bebé el proceso de succión, pero eso es algo que se puede corregir mediante ciertos ejercicios sobre los cuales hemos hablado anteriormente en algunos artículos en materna.
Senos listos para dar de lactar
La leche materna se produce al interior de los alvéolos y es expulsada mediante diminutos músculos que los “exprimen” para que la leche se abra paso por los conductillos en su camino hacia el pezón y la boca de tu bebé. El sistema de canales mamarios acaba por desarrollarse plenamente durante el segundo trimestre, de modo que puedes darle pecho a tu bebé incluso si éste llega prematuramente.
Uno de los cambios que puedes notar en tus senos a simple vista es el oscurecimiento de los pezones. Algunos expertos afirman que ésta es una forma en que tu cuerpo ayuda al bebé a “ubicar” su fuente de alimento, es como si tus senos le dijeran a tu bebé “mírame aquí estoy”.
Estos cambios, especialmente el desarrollo de los tejidos glandulares son los responsables del incremento en el tamaño de los senos que en muchos casos pueden aumentar “de peso” hasta en ¡más de 200 gramos cada uno! En líneas generales podemos decir que tus senos se encuentran completamente listos para dar de lactar a partir de finales del segundo trimestre, así la naturaleza se asegura que tu bebé esté bien alimentado aún en el caso que nazca antes de los nueve meses.
Después del Parto
Una vez que damos a luz a nuestro bebé nuestro cuerpo expulsa la placenta, y los niveles de progesterona y estrógenos descienden rápidamente a la par que aumenta el nivel de la hormona prolactina (la encargada de estimular la producción de leche materna; incluso algunos estudios en laboratorio muestran también que hace que te sientas más "maternal", por eso algunos expertos la denominan “hormona maternal”). Todo esto ocurre en un período de 72 horas y los científicos llaman a este periodo lactogénesis.
Después de las 72 horas siguientes al parto podemos decir que la producción de leche materna está en todo su apogeo. La mayor irrigación hace que los senos estén más firmes y plenos aunque en ocasiones podrías también sentirlos un poco “congestionados”. Éste no es motivo de alarma ya que dicha molestia desaparece en un par de días en cuanto empieces a dar de lactar a tu bebé.
Inmunizando al bebé contra las enfermedades
Los primeros “chorritos” de leche materna son llamados calostro. No son leche materna propiamente dicha sino que son una sustancia algo cremosa con abundantes proteínas y bajo en grasa llamado calostro. Si bien no es leche materna en toda la extensión de la palabra, es una sustancia muy importante para el bebé pues contiene gran cantidad de anticuerpos (llamados inmunoglobulinas) que le “regalas” a su bebé para protegerlo contra numerosas enfermedades. Aquí radica la importancia de que inicies la lactancia desde que el bebé nace.
Como puedes ver , el proceso mediante el que tu cuerpo se prepara para dar de lactar a tu bebé es algo maravilloso y la naturaleza ha dotado a todas las mujeres de las “herramientas” necesarias para alimentar a nuestros niños independientemente de que
Datos & Consejos al momento de dar de lactar:
- Comprueba que tu niño esté con el pañal seco y limpio para descartar que el llanto sea realmente por hambre.
- No lo arropes demasiado ya que las temperaturas mayores de 26 grados disminuyen el mecanismo de succión ( lo que ocasiona que no se alimente en cantidad suficiente y se levante más a menudo por más leche ).
- Ten especial cuidado con tu aseo personal, recuerda que la boquita de tu bebé estará en contacto directo con tus manos y tus senos.
- Al terminar de dar de lactar aplica un poco de tu propia leche materna alrededor de los pezones. Esto ayuda a lubricarlo y disminuye los procesos infecciosos en el pecho por el efecto protector de la leche materna.
- La leche materna es de fácil conservación, por lo cual aún si trabajas puedes seguir alimentando a tu bebé de forma natural.
- Durante las primeras semanas te recomendamos dar de lactar al bebé en cualquier momento que él así lo desee. No le hará ningún daño y mas bien ayudará a alimentarlo, nutrirlo y ayudará a incrementar tu producción de leche.
- No olvides darle unas palmaditas en la espalda cada vez que termine de lactar (inclusive al pasar de un seno al otro) para ayudarlo a eliminar el aire que ha ingerido y evitarle así posibles dolores estomacales.
- Al pasar al bebé de un seno al otro puedes apretarte un poco el pezón con dos dedos para evitar que el vacío creado por el bebé al succionar pueda causarte algún dolor o molestias a tu bebé.
- Cada vez que des de lactar al bebé procura alternar los senos, es decir, empieza colocándolo al mismo lado en el que terminó de lactar la vez anterior.
- Puedes ayudar a tu bebé sosteniendo tu pezón para dirigirlo a su boca.