jueves, 09 de febrero de 2012
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Estimulación Temprana: Algunas precisiones


 
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Todas hemos escuchado en numerosas ocasiones hablar sobre la estimulación temprana pero… ¿sabemos realmente lo que es? materna comparte con sus lectoras un artículo elaborado por una socia, psicóloga de profesión y próxima a ser mamá.


Muchos habrán escuchado hablar sobre la estimulación temprana, sin embargo, no todos tienen en claro qué es lo que ésta implica o lo que realmente significa. Por ese motivo, en las siguientes líneas trataremos de explicar estos interrogantes para que tengan una idea más clara sobre el tema.

 

La estimulación temprana se refiere al conjunto de actividades y acciones orientadas a brindarle al infante (desde que se encuentra en nuestra barriga) herramientas que le permitan desarrollar al máximo sus capacidades psicológicas, emocionales, intelectuales y físicas con la finalidad de lograr un desarrollo integral (Bolaños, 1991). De ésta manera la estimulación temprana permitirá al niño tener mayor facilidad para poder adaptarse a las demandas que se presentan en su vida diaria (que cada vez son más exigentes), a la competitividad que hoy en día rige nuestros tiempos (la llamada “era del conocimiento”), además le permitirá conocerse y conocer lo que le rodea, introduciéndolo poco a poco en el fascinante mundo que lo rodea (y que desde muy pequeñito tanta curiosidad le provoca), brindándole sentimientos de seguridad que más adelante se traducirán positivamente en una mayor autoestima.

 

Las primeras actividades dirigidas a estimular al bebé, son realizadas por los padres y personas cercanas a su entorno. Aún sin saberlo, el contacto que tienen con este nuevo ser le permite al pequeño ir aprendiendo y “despertando” ante nuevas experiencias (como por ejemplo reconocer el sonido de la voz de su papá estando aún dentro de la barriga). Entonces, la estimulación temprana hace uso de diversas actividades con la finalidad de ir preparando al bebé para obtener una respuesta más rápida y efectiva al momento de enfrentarse a nuevas situaciones propias del proceso de crecimiento y aprendizaje de cada niño. Esto se logra mejor cuando se cuenta con la guía de un profesional que acompaña a los padres a través de las primeras actividades que se van trabajando con el bebé, de manera que se puede aprovechar al máximo la experiencia no sólo para el desarrollo del bebé sino también como una excelente forma de fortalecer los vínculos afectivos entre el niño y sus padres.

 

El proceso de aprendizaje se encuentra influenciado de manera directa por los estímulos recibidos a través de los sentidos, por lo que en la estimulación temprana se trabaja con todos ellos: vista, tacto, olfato, gusto y oído. A través de diferentes ejercicios se busca crear en el niño interés por aprender, involucrando diversos sentidos para lograr un aprendizaje más completo. Según Wade, un 80% de lo que aprendemos es captado por la vista, 10% por el oído, 5% por el tacto y el 5% restante por el olfato y el gusto (dos sentidos que se encuentran interrelacionados y que dependen mucho uno del otro). Además está comprobado que cuanto más sentidos utilicemos para aprender, lo que logremos retener será mucho más útil pues lo asimilaremos mejor y seremos capaces de guardarlo en nuestra memoria por mucho más tiempo. Las emociones también juegan un papel fundamental dentro del proceso de aprendizaje, por lo que el contacto de los padres con el niño es crucial durante los primeros años de vida. (Goleman, 1999). Es en esta etapa donde el niño irá elaborando las bases de su aprendizaje y depende de ella la facilidad que pueda mostrar o no en los siguientes años para enfrentar nuevas situaciones con éxito.

 

En el aspecto biológico, el protagonista de este proceso de aprendizaje es el sistema nervioso. Según numerosos estudios, el desarrollo neuronal del niño seguirá algunos años después de su nacimiento, es por ello que la estimulación temprana juega un rol tan importante en la vida del niño puesto que así se aprovecha al máximo este período en donde el niño está cimentando y moldeando las capacidades que más adelante le permitirán afrontar con éxito las distintas etapas de su vida. Cuanto más estimulado se encuentre el infante (aclarando que no se trata de una sobre-estimulación, sino más bien de una adecuada y controlada dosis de estímulos presentados al niño), podrá realizar mayores conexiones entre las redes neuronales (cuando las neuronas “se juntan” entre ellas) y facilitar así la realización de los procesos cognitivo superiores (pensamiento, lenguaje, etc.). (Ribes, 2002).

 

La edad es un factor muy importante en lo que respecta a la estimulación temprana, ya que las actividades que se realizan dentro de este proceso varían según la etapa de desarrollo en que se encuentre el pequeño. Al trabajar con los más chiquitos la mejor forma de llegar a ellos es realizando actividades lúdicas con fines educativos. Los niños en general se muestran muy curiosos respecto a su entorno y tienen muchos deseos de “descubrir” todo lo que los rodea, por lo que con una guía profesional adecuada se puede lograr que disfruten plenamente, al mismo tiempo que aprenden. La clave se encuentra en despertar el interés del niño por aprender, alimentando su ganas de comprender lo que le rodea y manteniendo su atención a través de experiencias cercanas a su entorno y tratando de presentar los estímulos que puedan ser captados por todos los sentidos.

 

Aquí, en el Perú, cada vez hay más centros que brindan este tipo de programas, con diversas opciones de acuerdo a los horarios de los padres y edades de los pequeños. Al hacerlo les recomiendo tomar en cuenta dos cosas:

 

- La infraestructura del lugar: Que sea cómodo para el niño, que le guste lo que hace y que no sea una obligación. De otra manera, el niño no sacará provecho de lo que se le presenta y hasta podría desarrollar cierto rechazo.
- Personal calificado: Que los encargados estén calificados para ofrecer dicho programa y que los padres conversen con ellos para adaptarlo a las necesidades particulares de cada niño.

 

 

 

Referencias:
•    Bolaños, Guillermo (1991). Educación por medio del movimiento y expresión corporal. Costa Rica: Editorial Universidad Estatal a Distancia.
•    Goleman, Daniel (1999). Inteligencia emocional. Buenos Aires: Vergara.
•    Ribes Emilio,  Aparicio Carlos, Alcazar Víctor, Burgos José y Tonneau Francois. (2002).  Psicología del aprendizaje. México D. F.: El manual moderno.
•    Wade, Pamela (1998). Cómo elaborar herramientas de aprendizaje de alto impacto: Guía práctica para desarrollar materiales de formación efectivos. Madrid: Editorial Ramón Areces.

 

 

Colaboración socia materna: Leslie Tantaléan – Psicóloga U. Ricardo Palma


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Fecha: 26/08/2009
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