La llegada de la mamá al lugar de internación, es de por sí, un momento de ansiedad. Empieza el trámite de ingreso, aparece gente que hace preguntas, se piden datos que a la parturienta le parecen, a esas alturas, irrelevantes: ¡Vine a tener a mi hijo!, quisiera gritar. Sin embargo, ya en la sala de partos, todo está dispuesto para colaborar con el mismo objetivo que tiene ella. No hay nada de qué preocuparse. Todos están allí a su servicio: Pero, ¿quiénes son?