Hay que reconsiderar la importancia del rol que cumple la mujer en la familia y por consiguiente en la sociedad.
Al saber que la familia es base de la sociedad y que a su vez la mujer es base y/o núcleo de la familia, se desprende fácilmente la idea de que la mujer es el fundamento de la sociedad. Y esta idea resulta perfectamente aplicable en la nueva economía global en que vivimos. La mujer es la principal responsable del fracaso o éxito de los futuros ciudadanos de un país. ¿Por qué? Simplemente por su función primigenia: la de educar a los hijos.
La mujer por naturaleza requiere de comunicarse e interactuar constantemente con otras personas, es más auditiva que el hombre y responde a las distintas obligaciones familiares con mayor inteligencia emocional. La mujer protege a los hijos o simplemente los abandona y deja de lado. ¿Conoces alguno de estos casos?
La mujer puede con la constante repetición de ideas y palabras programar de manera positiva a sus hijos, preparándolos para el éxito al acostumbrarlos a enfrentarse a sus miedos, despertando sus habilidades y capacidades más íntimas; o programarlos para el fracaso y la mediocridad al incentivar sus temores y falta de autoestima.
La mujer en su calidad de madre está en la posibilidad de formar para el futuro a personas ganadoras o simplemente gente conformista o mediocre. Si analizamos esta situación desde la perspectiva de las nuevas tendencias del desarrollo personal, podríamos considerar que la madre es la primera facilitadora del crecimiento o desarrollo de las personas. Es decir se convierte en la primera coach –quizás la más importante- en la vida de los futuros ciudadanos.
En 1,513, el florentino Nicolás Macchiavello publicó en honor a Lorenzo de Médicis el manual de gobierno ‘El Príncipe’. Por la profundidad de su contenido, dicha obra se convirtió rápidamente en el documento predilecto de todos los reyes y monarcas de la época, ya que hacía un resumen de las principales prácticas y estrategias que todo gobernante debería seguir para mantener a su pueblo –y por supuesto a la corte- bajo control, conquistar reinos o repeler con diplomacia el ataque de posibles enemigos. Resulta interesante leer en uno de los pasajes de dicha obra algo sumamente interesante para nuestro análisis:
‘Si deseas conquistar a un pueblo, corrompe primero el vientre de sus mujeres’
Esta frase, bastante impactante pero a la vez aparentemente simple y carente de toda ética, resume una gran verdad: el mayor tesoro que puede tener una nación son sus futuros habitantes. ¿Y quién se encargará de educarlos y traerlos al mundo? Efectivamente. Nuestras mujeres. ¿Y que pasaría si estas solo se dedican a criar de forma impropia a las futuras generaciones? ¿Qué sucedería si no logran explotar de manera adecuada y oportuna el potencial de sus hijos? ¿Se imaginan a un país con una generación de personas con mentalidad perdedora, sólo porque desde pequeños sus madres les incentivaron constantemente el temor a hablar en público, el no tener iniciativa, o hacer las cosas de manera distinta arriesgándose a ser cada día mejores? La madre se convierte en el primer referente de cualquier niño. Por lo tanto, ante las anteriores preguntas, se comprende claramente el nuevo rol y compromiso que asume la mujer en pleno siglo XXI.
Decir que la mujer en la familia es madre, esposa, psicóloga, enfermera, pediatra, nutricionista, consejera, etc., es una idea ampliamente aceptada en la sociedad. Sin embargo, cada vez es mas frecuente encontrar mujeres convertidas en Jefas de familia simplemente porque las circunstancias no se desarrollaron de forma oportuna con sus respectivas parejas. ¿El hogar deja de serlo ante la ausencia del padre? En absoluto. El hogar se mantiene por el solo hecho de la presencia de la madre. Tampoco se puede negar que será un hogar normal. Existirá un gran vacío en ciertas etapas por la ausencia de la figura paterna, pero la mujer podrá salir adelante, siempre y cuando administre de forma adecuada la educación y formación de los hijos.
La mujer tiene actualmente una gran responsabilidad ante la sociedad, su posición de base o núcleo de la familia y primera educadora en la formación de los niños, hacen que el futuro de nuestro país dependa en gran medida de la actitud que ésta tenga ante la vida. El ímpetu de ser cada día una mejor persona, procurando crecer y desarrollarse personal y profesionalmente. Las ganas de salir siempre adelante, pese a los obstáculos que puedan aparecer. El enfrentar las derrotas, tomándolas solo como anécdotas o experiencias previas que la conducirán finalmente al éxito. El contagiar de energía y entusiasmo a sus hijos, preparándolos para la sana competencia, destacando la solidaridad que debe existir con los mas necesitados, la importancia de ganar sin orgullo y perder sin rencor. El reconocer que todos somos iguales y tenemos el mismo derecho a la felicidad, tomando en cuenta que encontrarla no es destino u objetivo final, sino que es un viaje, donde lo mas importante es disfrutar el día a día, tratando de superarnos constantemente a nosotros mismos.
Las anteriores ideas constituyen desde nuestra perspectiva, los principales conceptos y valores que la mujer necesitaría inculcar en la mente de sus hijos y que con el tiempo pasen a formar parte de la idiosincrasia de la sociedad. Una sociedad conformada por personas que se sientan personal y espiritualmente exitosas. Una sociedad conformada por personas de mentalidad ganadora.
Por: Oscar Bastidas Valenzuela (*)
*Oscar Bastidas Valenzuela es fundador y Director General de OBB Consulting Group, empresa dedicada al desarrollo del potencial humano en las organizaciones. Especialista en el diseño de Programas de Alto Rendimiento y Productividad. Expositor y Conferencista. Docente PUCP, UPC.